En la XVI edición de las Jornadas Catalanas de Salud Internacional y Migraciones (junio 2025), se presentó una ponencia centrada en la prevención del mal de altura, un problema de salud que, aunque frecuente en viajes a zonas elevadas, a menudo es subestimado tanto por los pacientes como por los profesionales de la salud.
Bajo el título “Actualización en mal de altura: ¿Cómo y por qué abordarlo en la consulta?”, la charla ofreció una guía práctica para que médicos de atención primaria y profesionales de medicina del viajero puedan:
El incidente ocurrió el 15 de febrero de 2025, cuando dos hombres de 30 y 31 años ascendían el pico Augstbordhorn, en el cantón de Valais, Suiza. En los días previos, habían caído entre 15 y 30 cm de nieve reciente, y el boletín de avalanchas advertía un peligro considerable (nivel 3 de 5), con riesgo de placas de viento y capas débiles persistentes.
Aproximadamente a las 10:30 de la mañana, ambos esquiadores desencadenaron una avalancha de placa en una pendiente de 35–40°. El resultado fue dramático: los dos quedaron completamente enterrados, uno a 1.5 metros de profundidad y el otro a 2 metros.
Lo más impresionante es que, pese a la situación crítica, ambos lograron crear pequeños bolsillos de aire, un factor decisivo para su supervivencia.
El mal de altura engloba varios síndromes que pueden aparecer tras un ascenso rápido y sin aclimatación adecuada:
Estos cuadros pueden afectar a cualquier persona, sin importar su condición física.
Uno de los mensajes clave de la ponencia fue la importancia de integrar el mal de altura en la consulta previa al viaje.
Además de la altitud del destino, se deben tener en cuenta:
También se mencionó el test de hipoxia como herramienta útil para evaluar tolerancia individual a la altitud, aunque su aplicación clínica todavía no está estandarizada.
La prevención del mal de altura comienza por un principio básico:
Cuando hay riesgo moderado o alto, se puede considerar medicación preventiva:
No se recomienda el uso de Ginkgo Biloba, hojas de coca o budesonida inhalada por falta de evidencia científica.
La prevención del mal de altura comienza por un principio básico:
El mensaje final fue claro:
Con una evaluación rigurosa y consejos adecuados, incluso personas con enfermedades crónicas pueden disfrutar de la montaña de forma segura, siempre que respeten sus límites y sigan las recomendaciones médicas.